Aspectos técnicos

La construcción de viviendas, usando como materia prima la madera maciza en grandes secciones, data de centenares de años, como lo demuestran la existencia en perfecto estado de uso y mantenimiento de edificaciones, cuya construcción se remonta incluso a la edad media.

Únicamente las enfermedades propias de la madera como son algún tipo de hongo y los insectos xilófagos o insectos comedores de madera, han sido capaces de erosionar algunas de estas magníficas construcciones.

Ante esta evidencia, los investigadores de este sector industrial, han desarrollado auténticas “vacunas” , que impiden la acción de los agentes externos, garantizando sus efectos a través del tiempo, mediante un tratamiento que permite la penetración del líquido protector hasta 35 milímetros, sin alterar la humedad porcentual de la madera a tratar previamente reducida a aproximadamente el 12% .

Actualmente existen tres posibilidades de tratamiento:

  • Brocheado superficial.- Penetra menos de un milímetro
  • Inmersión.- Penetra 2 ó 3 milímetros en función de la humedad de la madera, incrementado su porcentaje.
  • Autoclave (Vacío / Vacío) o (Vacío / Presión / Vacío).- Penetra hasta 35 milímetros en coníferas cuyo porcentaje de humedad no exceda del 12%, no viéndose alterado este índice después del tratamiento.

A la vista de la información anterior, la mejor fórmula existente para “vacunar” la madera contra los agentes destructivos citados (Hongos e insectos xilófagos) es el autoclave o cámara de vacío, ya que tras la esterilización que supone el propio proceso y la posterior impregnación y saturación de la madera, ninguno de ellos tendrán la capacidad de entrar en contacto con zonas de materia no tratada.

Teniendo en cuenta que la sección habitual del tablón utilizado está entre 80 mm y 110 mm de grosor y la capacidad de penetración del producto es de hasta 35 milímetros por todas sus caras, el volumen protegido de madera se acerca al 80% desde el exterior hacia el interior.

Tratamientos que bien en disolución orgánica o con sales minerales, en las dos plantas disponibles, hacen que TRAMAT S.L.pueda ofrecer maderas tratadas para niveles de riesgo o clases de usos según Código Técnico de la Construcción III ó IV respectivamente definidos ampliamente en el DB SEM (Documento Básico sobre Seguridad Estructural en Madera).

Ciertamente, otro importante inconveniente de este noble material, es su inestabilidad dimensional o tendencia a variar su volumen, en base precisamente a una de sus propiedades básicas, la higroscopicidad o capacidad de regular su propia humedad.

Para eliminar este riesgo, productos hidrofugantes concebidos para su aplicación en cámara de vacío “»Autoclaves” y regulados por el MINISTERIO DE SANIDAD Y CONSUMO, han sido desarrollados como saturadores de la traqueidas o conductos utilizados por el árbol para la circulación de sus líquidos, no permitiendo la absorción de la humedad exterior, sin crear ninguna barrera exterior que impida la transpiración natural de la madera.

Otro factor que suele ser analizado a la hora de optar por una construcción en madera maciza es la acción del fuego.

Estas dos cuestiones definen el análisis a realizar por el calculista previo a evaluar la resistencia al fuego de cualquier elemento estructural.

En nuestro caso y a modo de ejemplo, establecemos las diferencias existentes en este elemento de riesgo, entre dos materiales tan diferentes como la madera y el acero.

Aplicando a ambos materiales la misma fuente calorífica a igual distancia e intensidad, se observarán (durante los primeros 5 minutos) las siguientes reacciones:

1. Reacción:

Acero:aparece una zona roja / blanca y no se producen deformaciones.

Madera :aparece una zona negra o pirólisis (reacción biológica de la madera frente al fuego) y la pérdida aproximada de 2 ó 3 milí­metros de materia.

2. Comportamiento:

Pasados 10 minutos de haberse aplicado el foco calorífico:

Acero.- Se produce una gran deformación en la zona que apareció antes roja con una pérdida total de estabilidad.

Madera.- Se mantiene la situación de «Pirólisis» sin combustión con llama, incrementándose la pérdida de materia hasta los 25 mm (aproximadamente) sin producirse otra deformación o pérdida de estabilidad.

La conclusión final al respecto sería, que la madera reacciona ante el fuego antes que el acero, mientras que su comportamiento o lo que es igual su resistencia es sensiblemente superior a la del acero, motivo por el que tanto los colegios de técnicos proyectistas (Arquitectos o Ingenieros) como entidades financieras o aseguradoras (las primas aplicadas son similares que los seguros de construcción convencional), no dudan en proyectar, financiar o asegurar las casas de madera maciza.

Por lo tanto y como se puede comprobar documentalmente, una construcción realizada en madera de conífera, tratado o impregnado en autoclave con un sistema trivalente (hongos, insectos e hidrofugantes), con un acabado exterior microporoso al agua (penetra dentro del poro de la madera y no crea capa) que permita su “respiración” natural y la proteja contra los rayos solares, liberándola de costosos mantenimientos así como ofreciéndonos una amplia gama de tonos y colores, podremos afirmar sin género de duda que dicha construcción podrá tener una esperanza de vida no inferior a 500 años.

Es conveniente así mismo no perder de vista el factor ecológico, tan importante en cualquier actividad humana de cara a nuestra propia evolución y convivencia con el medio, por lo que toda la producción de viviendas de madera, (producto biológico, renovable y de mínimo consumo energético en proceso de transformación), se basa en bosques de maderas coníferas con certificación de explotación controlada. Regenerando y repoblando bosques que finalmente son el mejor y más eficaz sumidero de CO2 (el árbol en su crecimiento absorbe el carbono y desprende oxígeno) ayudando de manera directa a la erradicación del consabido efecto invernadero y cambio climático.